martes, 24 de agosto de 2010

Diàlogo con Minerva.

ESCENA UNO.


Laberinto. Una lechuza proyectada en sombras. Contexto griego. Un recinto de banquete sin los comensales. Jarras de Vino. Frutas. Uvas. Ultima cena. Cicuta.



 

Me guardo de padecer de insomnios



Camino

camino



La noche tiene ese vestigio

de piel de cobra

la naturaleza tiene savia como sangre

la mirada se clava en tus pupilas leoninas

cruzo la frontera de lo visto

en la piel de tigre de tus ojos.



Mirame Minerva; te estoy hablando

¿ Cuál es la verdad de la derrota?

¿ Cuál es la desesperación más agonizante sino la nuestra en el silencio roto de tus ángeles?

Hay una ciudad donde los ángeles se rodean de una humanidad parecida a la muerte; esa eterna pertenencia al no ver.


La única eternidad tiene que estar habitada por pensamientos sin cuerpos; esos que nos forman y nos comunican.


Soy la necesidad de enlazarlos

Oh! Minerva

Guiáme hacia los laberintos de la memoria

donde el minotauro se adormece sobre si mismo

en la curva transparencia

de la mente humana



Oh Minerva!

si es verdad que nuestros sentidos engañan

qué engaño es este donde el amor se interpone en una guerra de juicios y razonamientos.



Yo amo esa tormenta gris en sus ojos de gato; esa animalidad lejana, esa raza de distancia inmóvil con lo justo.

Hablo de la virtud del amor,

más allá de la capacidad divina de superar la pasión del sufrimiento.

Sólo los dioses; han sabido callar la ardiente impotencia del olvido; sólo ellos, en sus enfrentamientos cósmicos; han podido decidir pertenecer a la memoria siendo héroes.

no puedo ser más héroe que yo mismo.

en esta transformación, detenida en la esperanza; esa huella del destino entre mis garras.


Escena Dos.,



No se lo que busco

no se donde estoy

cuento hasta diez y reacciono

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

voy hasta el botiquín del baño

lo abro

miro una cruz roja en el frasquito de agua oxigenada

cierro el botiquín del baño

me miro en el espejo

estoy feo

apago la luz del baño

voy a la cocina

abro la heladera

saco una tableta de clonazepan de 2 mg

ingiero una

vuelvo a acostarme

tengo la sensación de que por mi cabeza pasan carros

arrastran mis neuronas

como renos tiran del trineo

pero sin regalos

sin juguetes

solo

en la misma soledad del solsticio

imagino un lugar mas apropiado para vivir

respiro hondo

cuento hasta tres

1

2

3

no me hace efecto el rivotril

no me levanto

no cierro los ojos

me prendo un porro

el humo se mete en mi cerebro

fumigando

las pesadillas se desvanecen

como en un atrapasueños

y sólo se filtran los rizomas

porque entre clonazepan y el porro

comienzan a relajarse los sentidos.

Me duermo dejando paso a la actividad de la memoria

me duermo pesadamente

como si mis pensamientos fueran patas de elefantes

no me dejo aplastar

y cuando amanece

pasadas ya unas cuantas horas del día

me levanto y me hago mate

miro por la ventana,

el edificio gris de enfrente

la niebla del otoño

llevate también la juventud

tengo que volar hacia el ocaso cuando duermo solo.



Escena Tres.



Y sólo es una levedad

el pensamiento hasta encontrarte

dibujo la red de tu sol

y dejo que la sábana

lentamente caiga por sobre tu cuerpo

soy un pequeño átomo

en la perspectiva de tu universo

hay una perfecciòn de fósil

una piel enamorada de si misma

una transparencia

un corazón detenido

en el reloj de tu ausencia

no te vayas

no elijas esos brazos que no aman

no cambies la carnalidad por un simulacro

elegime

de pie sobre el mar

erguido

lanzo llagas

me espanto al reconocerme turbio

si yo tenía luz cuando creaba

cuando en el escenario de la calle,

en las plazas

mirando la luna románticamente reprimidos

dejamos que se acumulen los deseos

hasta estallar de furia terrenal

he buscado tus labios hasta amordazarte

con mis pensamientos de paloma

déjame guiarte hacia mi caverna

prometo no creer que el reflejo del fuego en la pared ofrece la verdad de las cosas; renuncio a educarme para seguir el ritmo cristiano de la culpa.



Apagà esa luz divina

te entrego mi alma en la negreidad devuélvemela nívea

devuélvemela pulcra

rasguña con plumas mi devenir

acompañame en el camino hasta el oráculo.

Vamos a preguntarle

por nosotros

no

mejor no

que no me digan los astros

que elegiste la domesticidad de los restos

no quiero saber

no me digan los sabios que vas a casarte.



Vamos Minerva!

no es necesario que los astros se hagan los pelotudos

y giren siempre para el mismo lado.



Vamos Minerva



Huelo a Nada esta tarde

huelo a frescor de la noche

a sabanas mojadas por el delirio

huelo a mi mismo Minerva

te otorgo la lucidez del estancamiento

sostengo la antorcha

seguime

doblá por acá; por acá;

por ahí, donde han plantado un montón de edificios.





Escena Cuatro.



Tengo mutilados los pies de seguirte

pero aún lo haría sin ellos

¿Es la música la expresión adecuada de todas las realidades?

El filósofo aúlla en la perspectiva

con mirada de pájaro.

Yo no miro ni a los paraguas ni a las cosas

soy demasiado joven para morir en pertenencias.



Huyo de ti como de un cuervo.



Tuve tantos pensamientos abismales hasta encontrarte.



Telòn.

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